Prensa

Cuando el dinero no alcanza para vivir

Por el Senador Provincial Patricio Hogan (FR)

La realidad es un espejo en donde podemos mirarnos para descubrir lo que realmente ocurre con nosotros y con nuestro país. Eso vale para entender la compleja situación económica que afecta a millones de personas. Porque más allá de los índices oficiales y no gubernamentales que buscan expresar la situación social y económica de los argentinos, lo cierto es que los políticos debemos observar con atención lo que ocurre a nuestro alrededor si queremos comprender en serio lo que aflige y perturba a nuestra sociedad. Es una tarea que sólo puede hacerse de a pie y en la calle.

La clave del difícil momento social que vivimos está en que el gobierno no logra encauzar el ritmo de la economía y la inflación carcome el poder adquisitivo de la gente. En más de la mitad de los hogares del país se sufre porque el dinero no alcanza para cubrir los gastos del mes. En otros, la angustia que se vive por la falta de trabajo hace que la gente enfrente las necesidades cotidianas más básicas y acuciantes mediante actividades informales.

Es fácil notar que aumentó la cantidad de personas que hacen de la vía pública su precario lugar de trabajo, ya sea vendiendo frutas y verduras, galletas caseras, turrones, medias o pañuelos descartables. A esas escenas se suman la de quienes hornean pan casero y lo venden en bicicleta por el barrio, o los que perdieron el trabajo y fabrican artesanías o preparan alimentos y comidas que entregan a domicilio. Cada necesidad promueve una estrategia de subsistencia particular que se ajusta a las posibilidades de cada grupo familiar.

Para las clases medias y bajas las últimas noticias sobre la marcha de la economía son desalentadoras. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) es del 6,29% en lo que va del año y no parece desacelerar. Y aunque no atravesamos una crisis, lo cierto es que el gobierno debe adoptar medidas económicas, monetarias y fiscales urgentes que permitan enderezar la economía y logren llevarle alivio a las millones de familias que padecen por el ritmo inflacionario y sus graves efectos colaterales.

Lo más importante es dotar de sensibilidad social y perfil humano a un plan político y económico que privilegia el equilibrio fiscal sin medir los costos. Las últimas medidas restrictivas de la política monetaria del Banco Central aparecen como un error que privilegia el mercado financiero en detrimento del sistema productivo. Así el consumo seguirá contrayéndose y la reactivación económica seguirá demorándose. Seguramente las discusiones salariales se recalentarán y se agudizarán los reclamos gremiales. Faltará el dinero y el trabajo, y los sueldos continuarán devaluándose. Un cóctel que suma incertidumbre en momentos en que hace falta tranquilidad social y previsibilidad económica.

Al gobierno le cuesta demasiado tomar nota de que el escenario actual es muy adverso para las clases medias y bajas. Los aumentos en alimentos, tarifas, transporte, ropa, útiles escolares y medicamentos son alarmantes para una población que mantiene niveles de pobreza cercanos al 30% y una clase media del 48%, según datos de la UCA de hace pocos meses.

Es necesario que el gobierno resuelva los dilemas de la economía sin aplicar remedios que golpean de lleno en los sectores sociales más vulnerables. Y que no maltrate la dignidad humana de quienes deben hacer enormes esfuerzos cotidianos para sobrevivir en un país castigado por la inflación y la rigurosidad de un programa económico que parece dispuesto a no darles tregua.